Recientemente he leído en la prensa una noticia que ha llamado mi atención. Una nueva investigación sobre la momia de Tutankamón ha revelado que es posible que el joven faraón muriera prematuramente a causa de la malaria y de una afección grave de los huesos.
Tutankamón fue un faraón prematuro, casado con la princesa Akespamón, hija de Akenatón y perteneciente a la Dinastía XVIII que vivió en torno a 1330 a.C. Por lo que se conoce, no contaba con unas convicciones religiosas muy profundas, gobernándole la voluntad del clero de Karnak. Este hecho supuso la final victoria de la contrarreforma religiosa. Así es como ciudades como Tell El Amarna fueron abandonadas cayendo en la ruina y el olvido. Una de las pocas inscripciones con las que contamos en la época de su reinado reza así “encontré los templos caídos, los santuarios profanados y en los pórticos de los dioses había empezado a crecer la hierba. Yo he construido los templos, he purificado los santuarios y les he provisto de restas. He vuelto a fundir estatuas de oro y electrum para los dioses, engastadas de lapislázuli”.
Pero como todos sabemos, la importancia de este personaje alcanza su culmen con el descubrimiento de su tumba por Howard Carter y lord Carnavon en 1922, en la necrópolis de Tebas. El hallazgo fascinó a los arqueólogos e investigadores de todo el mundo e incluso hoy en día, siguen realizándose estudios en la momia del joven faraón, muerto a la edad de 19 años. Tan apreciado como los intactos tesoros hallados, la momia del joven se convertiría pronto en un referente para el estudio. Y uno de los puntos más interesantes para los investigadores era encontrar la causa de la muerte del joven.
Han sido muchas las hipótesis que se han barajado al respecto. Desde el fallecimiento por una caída, el envenenamiento, enfermedad e incluso el asesinato. Hace unos años, una de las hipótesis que tenía más fuerza era que el joven Tutankamón cayó del caballo en una cacería y se fracturó el fémur. La lesión le provocaría una septicemia que habría terminado con su vida. Pero esta teoría fue pronto desechada. Otra posibilidad que cobró fuerza fue el asesinato, puesto que se encontró una fisura en la parte trasera del cráneo que supuestamente habría acabado con la vida del joven. Como principal sospechoso de tal vil acto, se señaló a su sucesor al trono, Ay, padre de Nefertiti y consejero del faraón. Pero en 2005 Zhai Hawass, presidente del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, negó esta posibilidad diciendo “no sabemos cómo murió el monarca, pero estamos seguros de que no fue un asesinato”.
Actualmente han visto la luz los nuevos estudios realizados a la momia, publicados por la revista Journal of the American Medical Association. Tras un análisis exhaustivo del ADN se ha comprobado que el joven Tutankamon era hijo de Akenatón y hermanastro de Akespamón, hecho que no era conocido pero sospechado por los arqueólogos. También se ha esclarecido el turbio asunto de su muerte. El faraón falleció a causa de la malaria, enfermedad causada por un parásito del género plasmodium. Al debilitamiento propio causado por esta patología se le sumaría una afección ósea severa, que destruye las células y debilita el esqueleto. “Estos resultados permiten pensar que una circulación sanguínea insuficiente de los tejidos óseos, que debilitó o destruyó una parte de los huesos, combinada con paludismo, fue la causa más probable de la muerte de Tutankamón” escribe Zhai Hawass.
Parece entonces, que por fin se ha desentrañado este misterio que tantas conjeturas e hipótesis había formulado. Parece que, por el fin el pequeño faraón Tutankamón podrá descansar en paz. Parece que…al menos, hasta el próximo análisis.
